que hermoso plan, viajar en un camión que llevó pinos, todo es un perfume, todo es de resina que se mete en los poros tapados de ciudad, que despeja la sangre embotada de calles, de repetir el ciclo terrible de los subtes y el metal, de las caras ajenas en un asiento de terciopelo falso, del ritual de la vaca y el matadero de la vida común. Pero si es febrero, y viajas en un camión que va a las sierras, y tenés en las manos la sangre de un árbol y sentís el perfume del aire en la panza y viajás,y viajás,y viajás...
insomne, el borrador de mis párpados dibuja una palabra nueva que reposa sin nombre. imagino el contorno de su forma, mientras pruebo su color sobre un fondo oscuro, la aprieto contra el paladar y con la lengua la desarmo, textura de un sabor particular. un perfume de musgo que define una sombra así, como de bosque. la dejo suelta, me quedo un paso atrás. se da vuelta y me mira como un perro ansioso, a un paso de la cadena y de la libertad. y yo ansío que escape, que se olvide de mí, que nunca vuelva, que se haga palabra de una vez por todas. Para que venga el sueño a redimirme de esa, la única la oculta que ya no se decir.
Tu voz, un papel arrugado que olvidaste en la lluvia, mis manos que abriendo este papel endurecido lo renacen. Tu voz crujiendo estira los brazos como un genio mínimo, gato que se despereza en mis oídos conmovidos, a punto de romper a llorar.
las hojas del otoño son copos de maíz en un plato gigante
no tengo ventanas, pero imagino o recuerdo un árbol imponente dejando unas hojas majestuosas, color de pez dorado u ojos de bestia, volando así, meciéndose hasta el suelo. En el suelo el pasto, y alguna piedra gris como esa nube que avanza, nave, desde el horizonte curvo, mujer, de las sierras verde inglés.
cada segundo para mí es egoísmo puro
me enrollo sobre mí, invento un trazo que va desde vos hasta mis dedos. De mis uñas, un hilo finísimo de tinta traza un extraño itinerario, el derrotero de mis pasiones, una línea celeste brillantísima sobre un azul inmenso y nocturno, que recuerda vagamente a mi forma.
voy a salir para buscarte, para buscarme
las obviedades de un juego de palabras se vuelven impredecibles cuando el estribillo nos define. una calle lleva a otra calle que lleva a otra calle. y al final siempre regresamos a la misma puerta, atardecidos salmones tristes buscando vida arriba un lugar donde llegar.
Terrada y la vía. Una curva impensable, un recodo que rueda evitando el alambre tejido del caminito que corta hasta la plaza de la estación. Ahí crece un árbol viejo, un paraíso. Desde mis primeras memorias en el barrio,cuando mi viejo me pasaba a buscar para llevarme al Tigre esos dos días de permiso paternal, la chapa del cartel que alguien clavó cruelmente,pavorosamente contra la carne verde e indefensa del tronco no deja de achicarse. Una inmensa boca leñosa (la venganza del árbol) la va tragando y dejaba, ya ayer por la tarde, una línea azul finísima, desesperada, en el resquicio de la enorme sonrisa triunfal y constrictora de la madera viva.
viernes, 13 de marzo de 2009
te deshago y me miento miguita de pan crecés como una piedra pesadísima un asteroide de metal helado ardiendo.
los rituales paganos del desapego sacrificar un objeto banal que alguna vez ungimos con demasiado ardor
desterrar el acorde dominante de tu nostalgia exiliar de mis recuentos las horas de contarte entre la multitud de lo que existe
pensarte en un avión, una cama revuelta, en una despedida de estación pensarte en cualquier parte que me excluya dolorosamente.
sacarte para siempre de todo lo que es mio o lo pretende, olvidar con las manos y la lengua con el olor del sexo, las axilas,
con la menta en el cantero, hasta con el silencio de la cabeza.
viernes, 6 de marzo de 2009
Princesa quiere matarme de tristeza. Yo no la dejo, pero jode. Y cómo.